Recompensas con alimentos

Por Carolina Bolaños y Daniela Alvarado

Probablemente usted o alguien de su familia ha expresado alguna de las siguientes frases: “si se come todo puede buscar un postre”, “si se porta bien compramos dulces”, “termine los vegetales para poder comer los chocolates”. Durante años han sido repetidas dentro de muchas de los hogares, sin conocer realmente su impacto en la vida de los pequeños.

Todas estas frases de una forma u otra contribuyen al desarrollo de hábitos alimentarios poco saludables y a la aparición de enfermedades como obesidad, diabetes y caries. Se fomenta el consumo excesivo de comidas poco sanas ya que los alimentos que se usan usualmente como premios son de alto contenido de grasa, azúcar y sal. Lo anterior también provoca que aumente la preferencia de los niños por este tipo de alimentos.

Descuide, hay varias soluciones que se pueden poner en práctica para no caer en este camino;

En lugar de recompensar a sus hijos con premios tangibles, puede intentar ofrecer recompensas verbales tales como “lo estás haciendo muy bien”, “estoy orgulloso (a) de ti”, “excelente trabajo” entre otras. En algunas ocasiones se puede incluir pequeños regalos como juguetes, calcomanías, lápices de colores, paseos a sus lugares favoritos. En fin, cualquier cosa.

Premiar a los niños con comida puede interferir con la capacidad de los niños para aprender a comer en respuesta al hambre y a las claves de satisfacción.
Tenga en cuenta que tampoco es recomendable hacer amenazas como  “hasta que no deje el plato limpio no se pude retirar a jugar”. Debe permitir que el niño coma hasta que sacie su apetito y así reconozca la sensación de saciedad para que en situaciones futuras evite comer más de lo necesario.

Recuerde que el ambiente de comida debe ser tranquilo y alejado de distracciones para que no influyan en la decisión del niño de parar de comer. En caso de que su hijo no termine toda comida, guarde el plato y ofrézcaselo de nuevo después de un tiempo.

No utilice la comida como medio para expresar cariño. El problema es que cuando  se utiliza la comida para mostrarles afecto, ellos pueden empezar a utilizarla como mecanismo para afrontar el estrés u otras emociones negativas. En vez de recompensar a su hijo con alimentos, abrácelo, reconozca sus logros y préstele atención.