El Sube y Baja de las Dietas Extremas

Por Carolina Bolaños y Daniela Alvarado

Con sólo poner la palabra “dieta” en un buscador en Internet se arrojan más de un millón de resultados. Muchas personas andan en busca del plan de alimentación mágico que les permita disminuir de peso en la menor cantidad de tiempo y ojalá que requiera el menor esfuerzo.
Algunas de estas dietas cumplen su promesa: bajar de peso en una forma rápida, pero ¿a qué precio? El impacto a la salud va más allá de disminuir esos kilos de más pero en pocas ocasiones se explican las repercusiones con detalle. Pueden hacer adelgazar a la persona pero no enseñan a comer saludablemente y a adoptar un estilo de vida saludable.

Los planes de control de peso adecuados se desarrollan en torno al aprendizaje y la práctica de las conductas que deben seguirse durante toda la vida. Al incorporar las recomendaciones en el estilo de vida se hacen efectivas a largo plazo y no solamente unas semanas durante las vacaciones.

La restricción calórica sin asesoramiento de un profesional en nutrición es contraproducente. El comer menos y vivir con hambre sin saciar no necesariamente quiere decir que se va a lograr disminuir de peso. Cuando se sigue una dieta muy baja en calorías el cuerpo lo interpreta como si existiera una escasez de comida y empieza a quemar menos calorías (el metabolismo se hace más lento) por lo que a largo plazo puede favorecer el aumento de peso. Además en una dieta bien diseñada no hay por qué luchar contra hambre constantemente.

Las dietas que promueven el consumo de un único alimento o grupo de alimentos no son nutricionalmente balanceados. Dejan de lado nutrientes importantes para el correcto funcionamiento del organismo. Y pueden llegar a tener repercusiones sobre otros órganos y sistemas del cuerpo (deterioro de órganos por sobreutilización, desequilibrios hidroelectrolíticos, modificaciones en el metabolismo óseo y la función endocrina).

Además, por su monotonía se hacen insostenibles a lo largo del tiempo por lo que es común que se recupere el peso perdido en poco tiempo o se abandone fácilmente. La frustración de no lograr mantener la “mágica dieta” provoca que se estropeen aún más los hábitos alimentarios y problemas de autoestima en ciertos casos.

La próxima vez que se tope con alguna dieta hágase las siguientes preguntas:

  • ¿Incluye todos los grupos de alimentos?
  • ¿Me permite comer cada tres o cuatro horas?
  • ¿Logra saciar mi apetito?
  • ¿Me aporta suficiente energía para poder realizar mis actividades diarias?
  • ¿Puedo mantenerla por el resto de mi vida?

Analice si es equilibrada, variada y perdurable a lo largo del tiempo. Cambiar los hábitos alimentarios no es sencillo, pero poco a poco se hace menos difícil al adoptarlo como un estilo de vida y no una forma pasajera de comer. Lo más importante es alcanzar la meta de vivir de forma saludable.