El aceite de coco es una grasa de origen vegetal que se extrae de la pulpa del coco mediante diversos procesos. Se conoce también como manteca de coco, ya que a temperatura ambiente suele mantenerse en estado sólido, esto debido a su importante contenido de ácidos grasos saturados, tales como el ácido láurico, mirístico, caprílico, palmítico y cáprico, entre otros.  

Este aceite se ha convertido en un alimento de gran popularidad, incluso muchas personas lo consideran como un superalimento, debido a la diversidad de beneficios que se le han atribuido, tanto en asuntos de belleza y estética, como en asuntos de salud: pérdida de peso, regulación del metabolismo, promotor de la saciedad, fortalecimiento del sistema inmune, disminución de problemas causados por enfermedades renales y cardíacas, hipertensión arterial, diabetes, VIH y el cáncer.

Diversos estudios han encontrado que el aceite de coco eleva las concentraciones de LDL (colesterol malo) y colesterol total a nivel sanguíneo, aún más de lo que lo hacen los aceites vegetales, que contienen principalmente grasa insaturada; sin embargo, existen discrepancias entre los estudios, ya que también se ha indicado que el aceite de coco permite aumentar el HDL (colesterol bueno), y aunque esto puede pasar porque en general se está dando un aumento del colesterol total, sería erróneo ver esto como algo positivo.

Defensores del aceite de coco indican que las culturas cuya alimentación está basada en el coco, no muestran prevalencia de enfermedades cardiovasculares, pero es importante aclarar que parte de la dieta de estas culturas está basada también en el consumo de frutas, vegetales y pescado, lo que contribuye al bajo consumo de grasas saturadas, que son las que se relacionan principalmente con este tipo de patologías.

 

Por otro lado, el exceso de LDL en el organismo es una de las principales causas de aterosclerosis y enfermedades cardiovasculares, primera causa de muerte en Costa Rica, por lo que es una consideración importante a la hora de preferir su consumo.

Del total de calorías que se deben consumir al día, entre el 25-30% debe provenir de las grasas, lo que quiere decir que en un día no se deberían consumir más de 67 gramos de grasa o 4 cucharadas y media. De esto apenas un 7% debería ser grasa saturada, cantidad que se encuentra presente en una sola cucharada de aceite de coco. El problema se encuentra en el abuso, donde las personas consumen hasta 3 cucharadas o más al día de este tipo de grasa, y si a esto se le suma el aceite utilizado para las comidas, o la mantequilla para untar en el pan o el aguacate de las ensaladas, más las grasas escondidas en alimentos como la leche o las carnes, y en productos como repostería o postres, se está excediendo el consumo máximo de grasa al día.

Aunque existe discrepancia entre los estudios del aceite de coco, sobre si tiene un efecto directo en la aparición de enfermedades cardiovasculares o si beneficia la salud, la mayor cantidad de estudios existentes recomiendan consumir este alimento con precaución y sustituir la grasa saturada por grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas; así que ya sabe, ¡es mejor prevenir que lamentar!


Bibliografía

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Edición: Priscila Campos González

Créditos de imagen: Jonas Dücker