La pandemia nos está dejando importantes lecciones a la comunidad planetaria. 

Todas las personas enfrentamos el riesgo de contagiarnos de esta enfermedad; no obstante, son  aquellos individuos con mayor vulnerabilidad por su situación de salud, social y económica las que están siendo más afectadas por la pandemia (OPS, 2020).

Las poblaciones vulnerables comparten ciertas condiciones que las hace más propensas a enfermarse, presentar mayores complicaciones e inclusive morir.  

Como parte de las poblaciones vulnerables se encuentran las personas adultas mayores, cuyo riesgo de morbimortalidad por COVID-19 se atribuye a los cambios fisiológicos propios del envejecimiento, presencia de enfermedades crónicas y debilitado sistema inmunológico; también se asocia con condiciones sociales y económicas desfavorables que favorecen carencias importantes (HelpAge, 2020a; Cardona, Segura y Espinosa, 2012).

El contagio y las complicaciones asociadas con COVID-19 son más comunes en personas en condición de pobreza, hacinamiento, falta de acceso oportuno a atención en salud y agua potable, pobre alimentación, marginación, aislamiento y abandono social (Organización de Naciones Unidas [ONU], 2020a; OPS, 2020; HelpAge, 2020a).

Los efectos de las medidas sanitarias, entre ellas el distanciamiento físico y las reducidas capacidades de personas mayores para autocuidarse en edad avanzada y lograr la atención de sus necesidades básicas, son temas de alta preocupación en diferentes dimensiones, entre ellas la nutricional.

Si bien es cierto muchas situaciones adversas ya eran evidentes antes de su emergencia, en momentos de crisis afloran y se hacen más dolorosamente visibles, brindando señales a la humanidad que es necesario un cambio radical para asegurar la defensa y el cumplimiento de los derechos humanos fundamentales en igualdad y libertad para todos (HelpAge,2020b).

Al respecto, la Organización de las Naciones Unidas hace un llamado a la protección de los derechos humanos durante la crisis del COVID-19, con un abordaje fundamentado en el trato humanizado,  la mayor solidaridad y cooperación (ONU, 2020b).

 

¿Cuáles son los principales aspectos que deben tomarse en cuenta para promover bienestar en las personas adultas mayores?

1. Debe contrarrestrarse cualquier signo de discriminación social hacia las personas mayores. En medio de la pandemia, se han identificado muestras discriminación social, tanto en el uso de lenguaje despectivo y deshumanizado en los medios de comunicación social y redes sociales, como en el acceso a la atención en servicios de salud . Se ha evidenciado una falta de respeto a la propia capacidad de las personas adultas mayores para ejercer su propio juicio, y la presencia de manifestaciones de indiferencia, e invisibilización de sus aportes en el contexto familiar y comunitario, maltrato o violencia (HelpAge, 2020c).

2. El trabajo remoto ha modificado las formas de relación de las personas en su mundo doméstico, y quienes no estaban preparados para asumir el llamado “teletrabajo”, se han visto sumamente abrumados, puesto que deben atender las necesidades propias y las de los suyos, en un espacio común y durante mayor tiempo. Los familiares de personas adultas mayores deben generar nuevas actividades productivas para no dejar de percibir entradas económicas en el hogar, y en medio del estrés se pueden favorecer situaciones tales como aislamiento social, depresión, violencia, descuido y marginación hacia los familiares mayores que conviven con ellas, en un ambiente de tensión y priorización de actividades.

3.  Los cambios en las rutinas, así como en las formas de comunicación y relación de las personas debido al distanciamiento físico no debe llevar al aislamiento y debilitación de los vínculos o redes de apoyo en las personas mayores, quienes requieren del apoyo  para la satisfacción de sus necesidades, y no enfrenten la crisis lejos del calor de sus seres queridos con momentos de incertidumbre y enfermedad.

4.  La mayor permanencia en la casa ha impactado la alimentación,  recreación y actividad física en las personas mayores.  Hay alteraciones en horarios y tipos de comidas, y el  tiempo es dedicado a una mayor exposición a noticias sobre la pandemia, con prolongadas estancias en los dormitorios y letargo, lo que genera angustia, tristeza, trastornos del sueño y desesperanza.  Algunas tienden a alterar o abandonar sus tratamientos médicos, lo cual es muy preocupante.  La pérdida de interés o pocas habilidades para cocinar, y la preferencia de alimentos ultraprocesados y comidas rápidas  ricas en grasa o bebidas altas en azúcares afectan la salud de las personas mayores, principalmente aquellas que tienen un padecimiento crónico de salud, como diabetes, hipertensión arterial, obesidad o problemas cardiovasculares. Ello contribuye a un deterioro acelerado de su nutrición y salud.

5.  Las personas adultas mayores que viven solas se enfrentan al problema de abastecimiento de alimentos y la preparación de comidas, si no cuentan con el apoyo oportuno y permanente, lo que incide directamente en su estado nutricional.

6.  En medio de la crisis, las personas mayores enfrentan menores o nulas oportunidades laborales y la brecha tecnológica para insertarse en el mundo laboral en tiempos de pandemia, lo cual los pone en condición de desigualdad a la población adulta mayor activa.

7.  Familias en condición de pobreza, muchas dependen de la pensión social o los ingresos generados por las personas mayores, donde se presentan serios problemas de inseguridad alimentaria y nutricional e insatisfacción de las necesidades básicas, y se incrementan situaciones de despojo patrimonial, maltrato y violencia hacia las personas ancianas, lo cual puede presentarse de forma diferenciada según género (CDC, 2020).

Muchas personas adultas mayores reciben la pandemia en condiciones de fragilidad, malnutrición, hambruna, y vulnerabilidad a la enfermedad.  En el ámbito familiar, la inseguridad alimentaria y nutricional se manifiesta no solo en la menor o nula disposición de productos alimenticios, sino en las formas en que se aprovechan los pocos recursos alimentarios disponibles, y en cómo se distribuyen entre los miembros de la familia, donde muchas veces la edad es un criterio tomado en cuenta para decidir si se brinda o se niega un plato de comida en un contexto de hambruna.

8.  Todas las personas estamos expuestas al riesgo de contraer la enfermedad; sin embargo, no es lo mismo cuando se toman las medidas preventivas, a cuando un familiar o en vida propia se experimenta la enfermedad. Más allá de los problemas clínicos, la enfermedad genera confusiones y muchos miedos, tanto de quien la padece, como de los cuidadores directos. Puede  presentarse el estigma social, reconocido como una condición o atributo que hace que una persona o grupo de personas que comparten ciertas características o padezcan de una enfermedad específica sean incluidas en una categoría social, con una mirada negativa y la desvalorización o marginación  (HelpAge, 2020b).

9.  En relación con las personas mayores enfermas por COVID-19, es preocupante la presentación de los síntomas y su abordaje temprano, con el fin de evitar el progreso de la enfermedad a cuadros más severos, puesto que los cuadros sintomáticos pueden presentarse de formas diferentes, y causar reacciones variadas en las personas. Algunos de los síntomas de la enfermedad podrían pasar inadvertidos por quienes padecen la enfermedad o sus cuidadores, al  peligrosamente solaparse con condiciones consideradas como propias de la vejez u otras enfermedades presentes, tal como ocurriría con cambios en la percepción del olfato y el gusto,  la pérdida del apetito, la sensación de debilidad  o el cansancio generalizado (Barazzoni et al, 2020).

10. Es altamente relevante que las personas cuidadoras estén alertas a los cambios que presente la persona mayor en su condición de salud, de tal forma que la intervención médica sea oportuna, y se tomen las medidas preventivas y curativas a corto plazo para evitar complicaciones. Mareos, cuadros confusionales, sensación de ahogo, opresión en el pecho y dolor persistente, coloración azulada en el rostro o labios son signos de alarma que indican la urgente atención médica e internamiento hospitalario (CDC, 2020).

Problemas comunes en personas enfermas, tales como la pérdida de apetito, puede contribuir a la malnutrición, anemias y pérdida de peso acelerada. De igual forma, la deshidratación provocada por baja ingesta de líquidos, así como presencia de fiebre o diarreas, es necesario tratarla con prontitud para evitar complicaciones de salud. Otro aspecto que es necesario atender con prontitud es la presencia de debilidad y malestar generalizado, que lleva a la persona a encamarse. La inactividad física provoca cambios en su composición corporal, con una acelerada pérdida de músculo y mayor riesgo nutricional (Academia Española de Nutrición y Dietética/Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas y Nutricionistas, 2020; CIENUT, 2020).

La nutrición es fundamental para mantener la salud.  Velar por la calidad de la dieta es fundamental para las personas de todas las edades y condiciones; no obstante, se hace un llamado especial para estar vigilantes de la alimentación de las personas adultas mayores, principalmente las que cuentan con debilitadas redes de apoyo, habitantes de la calle o  institucionalizadas; asimismo, personas que por su condición de salud presentan mayor riesgo a que su condición se desmejore, tal es el caso de personas con cáncer, diabetes, hipertensión arterial o poco apetito, anemia, bajo peso, deterioro cognitivo y otros (FAO, 2020; Beltramini, (2020).

 


Bibliografía

 

Academia Española de Nutrición y Dietética/Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas y Nutricionistas (2020). Recomendaciones de alimentación y nutrición para la población española ante la crisis sanitaria del COVID-19. Documento de postura.. España: 17 de marzo 2020. Recuperado de https://academianutricionydietetica.org.

Barazzoni, R., Bischoff, S., Breda, J., Wickramasinghe, K., Krznaric, Z., Nitzan, D., Pirlicht, M., Singer, P.  (2020).  ESPEN expert statements and practical guidance for nutritional management of individuals with SARS-CoV-2 infection. Clinical Nutrition. Recuperado de https://www.clinicalnutritionjournal.com/article/S0261-5614(20)30140-0/fulltext

Beltramini, S. (2020). Cómo minimizar el impacto del coronavirus en la seguridad alimentaria. Programa Mundial de Alimentos. Recuperado de https://historias.wfp.org/c%C3%B3mo-minimizar-el-impacto-del-coronavirus-en-la-seguridad-alimentaria-fd12f992969a.

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CDC (2020).  Enfermedad del coronavirus 2019 (COVID-19)/adultos mayores.  Estados Unidos:  Centros para el control y la prevención de enfermedades.  Recuperado de  https://espanol.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/need-extra-precautions/older-adults.html

CIENUT (2020).  Posición de expertos sobre el manejo nutricional del coronavirus COVID-19. Perú: Comité Internacional para la Elaboración de Consensos y Estandarización en Nutriología (CIENUT). Perú. Recuperado de https://www.cienut.org/comite_internacional/declaraciones/pdf/declaracion2.pdf

FAO (2020).  COVID-19: Nuestras comunidades más hambrientas y vulnerables se enfrentan a “una crisis dentro de una crisis.  Roma.  Recuperado de http://www.fao.org/news/story/es/item/1269779/icode/

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HelpAge (2020c)  Edadismo, discriminación por edad y derechos de las personas mayores en la respuesta a la COVID-19.  España, 6 abril, 2020. Recuperado de  https://www.helpage.org/spain/noticias/coronavirus-covid19-y-personas-mayores/

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Organización Panamericana de la Salud (2020). Seguridad alimentaria durante la pandemia.  Módulo 7. Serie Seguridad Alimentaria/modos de subsistencia.  Washington.  Recuperado de https://www.paho.org/disasters/index.php?option=com_docman&view=download&category_slug=tools&alias=858-leadership-modulo7&Itemid=1179&lang=en