Probablemente en algún momento usted se ha preguntado si su hijo (a) se está alimentando bien. Actualmente, muchas madres, padres o personas cuidadoras disponen de poco tiempo para atender las necesidades diarias de sus hijos dado que trabajan fuera del hogar, hacen teletrabajo o deben encomendar a familiares o personas ajenas el cuido de sus pequeños.

Este tema es motivo de conversación frecuente entre aquellas madres jóvenes o primerizas ya que muchas veces reciben una gran presión sobre cómo debe ser la alimentación de sus hijos. En este sentido es importante señalar que cada niño es diferente y que las comparaciones deben dejarse de lado, ya que si bien es cierto, los niños en general muestran un crecimiento determinado, durante el mismo se presentan diferencias propias de la genética y el ambiente en el que el niño va creciendo.

La alimentación es una necesidad diaria que puede llegar a ser monótona y convertirse en algo aburrido para los niños en los que el comer no es una prioridad ya que su atención se centra más en aprender y explorar el entorno a su alrededor, además de que durante la niñez se experimenta una anorexia fisiológica normal o inapetencia en comparación con el primer año de vida. Es por tal motivo que la actitud que adultos y niños tengan en los primeros años de la vida influenciará los hábitos alimentarios de los más pequeños en edades posteriores.

Fíjese bien que hemos apuntado hacia “la actitud que adultos y niños tengan hacia la alimentación”, esto porque son los adultos los responsables de proveer y administrar los alimentos a los niños. Muchas veces los niños cuando se niegan a comer de forma reiterada o manifiestan ciertos deseos que son tildados como caprichos generan gran ansiedad en la persona adulta que recurre a “formas desesperadas” para lograr que el niño coma.

Ante esto es importante llamar a la calma y valorar una serie de aspectos que se citan a continuación: está el niño en verdad estancado en su ganancia de peso y talla o está perdiendo peso?, tiene anemia? ha disminuido su nivel de actividad durante el día?, presenta alguna enfermedad de fondo que amerite algún tipo de tratamiento médico que esté causando inapetencia?. 

Enfocarse en propiciar un ambiente agradable y tranquilo al momento de la comida es fundamental, por lo que es totalmente des-aconsejable recurrir a la presión u otro tipo de prácticas ya que en la medida que el niño perciba que su rechazo reiterado es motivo de preocupación en sus padres o cuidadores, podría percibir que el no comer es una forma de llamar la atención. Ahora bien, el adulto debe reflexionar si está siendo inflexible u obsesivo en torno a la alimentación del niño porque esto puede generar un comportamiento alimentario nocivo con serias consecuencias más adelante. 

Muchas veces y con tal de que los niños coman se les da lo que ellos quieren, cuando quieren y como quieren, esto es contraproducente ya que por un lado la dieta se puede volver muy monótona y terminar siendo rechazada por el niño y por otro lado, se puede fomentar la irregularidad en los tiempos de comida y que el niño no atienda sus propias señales físicas de apetito y saciedad. Enseñar a comer es un proceso gradual que inicia desde el nacimiento, es tiempo de corregir actitudes y prácticas en favor de un ambiente saludable para todos.

Ante todo esto, ¿qué podemos hacer?

  • Deseche prácticas como el premiar, castigar, chantajear o sobornar al pequeño para que coma, dado que en la mayoría de los casos lo que podría provocar sería rechazo y una verdadera y permanente aversión por el alimento o la preparación. Así mismo hay que recordar que los adultos son el modelo a imitar por parte de los niños y aquello que se les enseña será visto como natural, por lo que más adelante ellos pueden recurrir a utilizar las mismas prácticas para lograr lo que deseen.
  • Si usted desea que sus hijos coman de manera saludable, hágalo usted también. Pero recuerde que este tema no lo obsesione a usted como adulto, sea flexible. 
  • Procure ofrecer o que le ofrezcan a su hijo una comida colorida, atractiva, variada, equilibrada y apetitosa. 
  • Promueva un ambiente agradable, lejos de gritos, pleitos, presiones.
  • No acostumbre al niño a que coma mientras ve la televisión, juegue con algún aparato electrónico o use el celular. Además recuerde que la Organización Mundial de la Salud no recomienda el uso de estos aparatos antes de los 12 años de edad.
  • No favorezca el “picar” entre comidas ya que probablemente el niño estará lleno antes de un tiempo de comida fuerte.
  • Propicie servir de vez en cuando alimentos que sean fáciles y seguros de comer con la mano.
  • Incorpore al niño en la preparación de la mesa: poner los utensilios (aquellos que no sean de vidrio), colocar las servilletas o individuales, cubiertos por ejemplo.
  • Brinde el tiempo necesario para que el niño pueda masticar y tragar bien su comida. No lo presione para que coma más rápido pero tampoco le permita que juegue con ella y no termine comiéndosela.
  • Sirva el alimento en platos pequeños, acordes a la edad del niño, con motivos llamativos. Utilice cubiertos o utensilios pequeños e irrompibles.
  • Refuerce y estimule aquellas prácticas alimentarias o actitudes positivas.
  • Aliente al niño a probar alimentos nuevos una y otra vez. Pruébelos usted también. No desista si a la primera vez no lo aceptó, pero también tenga presente que puede ser que nunca lo acepte y eso también es válido.
  • El tiempo de la comida no es un momento para una charla de nutrición saludable, eso a los niños no les interesa, compartan en familia, cuenten algo divertido, rían, escuche a sus hijos.

Ante todo, tenga paciencia y brinde un buen ejemplo, recuerde que si enseñamos con amor los niños demostrarán también amor a otros.