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Categoría: Espacio Académico

Uno de los tiempos de comida que ha venido a menos en la actualidad, en la alimentación de nuestra población, es el desayuno.

El desayuno es la primera comida que se hace en la mañana, y es la que rompe las horas de ayuno que se han tenido durante el sueño.  Existen estudios que nos dicen que el desayuno debe de realizarse entre las dos y tres horas siguientes a levantarnos, esto para los adultos. Sin embargo, esta recomendación podría no resultarnos adecuada para la población infantil, ya que esperar a que el niño o niña haga su primera comida dos horas después de que se levanta, provoca que no se cumpla con los demás tiempos de comida que necesita hacer.

La vida moderna, o por lo menos lo que conocíamos antes de atravesar la crisis sanitaria, nos hizo brincarnos el desayuno. El ritmo acelerado de las ocupaciones nos llevó a salir de nuestras casas sin comer, e igualmente enviar a nuestros niños y adolescentes a la escuela o al colegio, y que hicieran su primera comida en el primer recreo; o sea, dejándolos en ayuno por muchísimas horas, y obligándolos a desayunar en cinco o diez minutos, tiempo que dura ese descanso escolar, y que generalmente lo hacen caminando, o en el peor de los casos, corriendo.

Los que estudian las necesidades nutricionales de los niños, consideran que el desayuno debería aportar más o menos, una cuarta parte de las calorías que el infante o adolescente necesita durante el día y, definitivamente, eso no se logra en cinco minutos, a no ser que los alimentos que se ofrezcan sean altos en azúcares y grasas, opciones nada saludables.

En la actualidad, muchos investigadores han logrado identificar que el desayunar todos los días, mejora el control del peso en los niños. O sea, que disminuye el riesgo a que desarrollen exceso de peso durante la infancia. Estos estudios también señalan que el desarrollar el hábito del desayuno, en los primeros años de vida, evita el desarrollo de otras enfermedades en la etapa adulta, como lo son la diabetes mellitus y la hipertensión.

El desayuno también mejora la habilidad para aprender. El aprendizaje, es una parte de lo que hoy conocemos como función cognitiva. Además, una adecuada función cognitiva, permite que el niño se concentre mejor, se mantenga más atento y sea capaz de recordar más información.

Sin embargo, es muy importante resaltar que no solo es el hecho de desayunar en sí, sino que debemos poner atención a la calidad de ese desayuno. Lo mejor es que, al igual que el resto de la alimentación de niños, adolescentes y adultos, este sea de buena calidad y variado. Esto quiere decir, que ofrezcamos alimentos nutritivos, y que no sean solo de un tipo o clase.

Debemos recordar que una alimentación saludable es aquella en la que se consumen alimentos de todos los grupos, por lo que podríamos decir que un desayuno saludable, es aquel en el que le ofrezcamos a nuestros infantes, productos de origen animal, por ejemplo, lácteos o huevo, harinas (gallo pinto, tortillas, pan) y fruta. Las porciones de cada uno de estos alimentos, deben ir de acuerdo a la edad y el estado nutricional de cada uno.

Una parte positiva de estudiar y trabajar en casa, que nos ha traído la pandemia, es tener un mayor tiempo para alimentarnos adecuadamente, sin correr. Saquemos ese tiempo para nosotros y nuestros niños y niñas, enseñémosles la importancia de desayunar, y hacerlo tranquilos, con alimentos de buena calidad nutricional, tratando de variarlos en la media de nuestras posibilidades. La salud y el bienestar general de los más jóvenes es una responsabilidad de padres, madres y cuidadores.