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Categoría: Espacio Académico

Para poder hablar de la importancia de los tiempos de comida en niños y adolescentes, tenemos primero que aclarar qué entendemos por tiempo de comida. Por tiempo de comida, los nutricionistas entendemos cada uno de los momentos que separamos o destinamos para alimentarnos a lo largo del día.

La recomendación para la población infantil, así como para los   adolescentes, es que hagan cinco o seis tiempos de comida. Estos tiempos de comida son: el desayuno, la merienda de la mañana, el almuerzo, la merienda de la tarde, la cena y la merienda nocturna, también conocida como colación nocturna. Esta última va depender mucho de la edad, la actividad y lo hábitos de alimentación que tenga la familia.

Todo ser humano tiene necesidades nutricionales, que debe llenar a través del consumo de alimentos. En otras palabras, los alimentos son el medio por el cual, cada uno de nosotros logra llenar lo que el cuerpo necesita, ya sea energía o nutrientes como carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas, minerales, fibra y agua.

Esas necesidades de nutrientes deben suplirse a lo largo del día. Ningún niño o joven puede llenarlas todas en un único tiempo de comida y, aunque intentara hacerlo comiendo grandes cantidades de alimentos en un solo tiempo, los perjuicios para su salud serían muy grandes y graves.

Desde que nacemos, nuestro cuerpo tiene un sistema digestivo que le permite alimentarse durante períodos cortos a lo largo del día. Así logramos mantener un adecuado suministro de energía y de sustancias nutritivas, sin caer en excesos o deficiencias. El estómago es un órgano de ese sistema que funciona como reservorio o depósito. Esto quiere decir que el niño puede consumir en un período de tiempo una cierta cantidad de alimento que se deposita en el estómago, para luego, de manera pausada, irse moviendo a través del intestino, realizando así la digestión.

Cuando un niño o adolescente omite, o sea, no hace uno de los tiempos de comida, se están corriendo varios riesgos. En primer lugar, es muy posible que no logre llenar sus necesidades nutricionales, y esto puede llevar, a corto o mediano plazo, a problemas como el bajo peso, la anemia o un sistema inmunológico debilitado que no le permita defenderse del ataque de virus o bacterias. 

En segundo lugar, el saltarse un tiempo de comida hace que se llegue al próximo con más hambre de lo normal. Esto también genera problemas de salud, ya que, al tratar de saciar el hambre, que podría estar descontrolada, se consume una mayor cantidad de alimento. Esto se traduce en una mayor cantidad de energía que el organismo no puede utilizar, por lo que la almacena, generando así un aumento de peso que podría ser excesivo.

 El aumento de peso es deseable en niños y adolescentes, por estar en etapas de crecimiento y desarrollo. Pero si éste es mayor a lo indicado para el niño o joven, se vuelve un problema de salud que puede traer otras complicaciones mucho más serias, como la Diabetes Mellitus, la Hipertensión Arterial, y el Síndrome Metabólico; enfermedades que en años atrás se consideraban de adultos, pero que hoy vemos en nuestros niños y adolescentes, de manera cada vez más temprana.

Estudios científicos muestran que cuando un niño come después de haber tenido un largo período sin consumir alimentos, va a almacenar gran parte de la energía que ingiere, ya que su cuerpo asume que muy probablemente se volverá a presentar otro tiempo largo sin comida, por lo que mejor guarda para estar preparado. Lo anterior propicia, aún más, el aumento de peso no saludable. Esta situación también se puede presentar en adolescentes y adultos.

Los tiempos de comida de los niños y jóvenes deben no sólo asegurarse como espacios de tiempo para la alimentación, sino que deben hacerse en lugares tranquilos, específicos para la ingesta de alimentos, ya sea la mesa del comedor o la cocina, y en los que no se incluyan juguetes, ni pantallas de ningún tipo: ni televisión, ni celulares, ni video juegos. Cada tiempo de comida debe convertirse en un espacio de calma para comer y compartir con los demás miembros de la familia.