El 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer, un espacio dedicado a la reflexión y el fortalecimiento del compromiso de la sociedad en la prevención y en la atención de esta enfermedad. Es un tipo de demencia, caracterizada por un proceso degenerativo progresivo del sistema nervioso central que conduce a la pérdida de memoria, deterioro de las funciones cognitivas y de lenguaje, así como alteraciones en el comportamiento y pérdida funcional progresiva.

Este padecimiento agobia a un grupo importante de personas  alrededor del mundo y, Costa Rica no es la excepción.  Se caracteriza por un deterioro progresivo de las capacidades funcionales y la mayor dependencia de cuidados,  según la etapa en la que se encuentre el individuo, con lo cual demanda mayor dedicación de la red de apoyo familiar, y el desarrollo de acciones diversas para promover bienestar, tanto para la persona enferma, como para quienes le brindan cuidados.

La nutrición es altamente relevante, dado que una adecuada alimentación rica en sustancias que tienen una acción protectora de la salud cerebral, como componentes, entre ellos las vitaminas C, A y E, ácido fólico, la vitamina B12 y ácidos grasos esenciales omega 3. Se requiere un bajo consumo de alimentos ricos en azúcares y grasas, y la no presencia de ciertos componentes tóxicos, como el aluminio, aunque es importante señalar que no existen evidencias contundentes sobre la prevención específica del Alzheimer y dieta.  No obstante, una adecuada atención nutricional tiene una relación directa en la prevención del deterioro de la salud de las personas que ya tienen el diagnóstico de la enfermedad, quienes presentan un alto riesgo de padecer de anemia y desnutrición energético-protéica. 

Las personas con Alzheimer pueden presentar otros problemas de salud tales como diabetes, hipertensión arterial, entre otros padecimientos crónicos, con lo cual se requiere una atención integral para evitar complicaciones.

A continuación se presentan algunos de los principales problemas frecuentes en personas con diagnóstico de Alzheimer asociados con la atención alimentaria,  y algunas medidas que podrían tomarse para mejorar la situación :

 

  • Pérdida de peso

La pérdida acelerada del peso corporal es una condición que es común en las personas con Alzheimer, lo cual se asocia a diversos factores tales como: pérdida del apetito e insuficiencia de alimentos consumidos, desorientación y alteraciones en los hábitos de alimentación, desgano o pérdida de interés, alteraciones en el gusto y pérdida del deseo de comer, así como efectos secundarios de medicamentos que influyen en la producción de saliva y la percepción de los sabores de la comida.

La pérdida de peso es una condición de riesgo en las personas adultas mayores, puesto que fácilmente pierden músculo, y ello conlleva a estados de debilidad, pérdida de capacidades motoras y riesgos de caída, mayores infecciones, entre otras situaciones adversas.

También, en estados avanzados de la enfermedad, las personas con Alzheimer pierden sus capacidades cognitivas y motoras, con lo cual no son capaces de tomar decisiones y comunicarse;  se presentan problemas de masticación y deglución que conducen a la disfagia, e incapacidad para  autoalimentarse, y si los cuidadores no brindan un apoyo permanente, fácilmente se presentan situaciones de insuficiencia de alimentos, estados de malnutrición y desnutrición.

Un pérdida mayor de 2 kg en un mes es un factor de alto riesgo para la salud de las personas con Alzheimer, con lo cual la principal meta es que el peso esté lo más estable posible, aunque en cierto momento es insostenible y habrá que recurrir al uso de suplementos o complementos dietéticos para lograrlo.  Por su parte, la disfagia o incapacidad de la persona para masticar y deglutir la comida de manera apropiada se presenta en estados avanzados de la enfermedad, y conduce a una sensación de ahogo, lo que genera miedo al comer, broncoaspiración de partículas de alimento,  y mayor riesgo de infecciones respiratorias y neumonía.

También, en estado avanzado de la enfermedad, se presentan condiciones que incapacitan a la persona a   mantenerse en pie y moverse, con lo cual el encamado es inevitable.  En esta condición, se presentan cambios adversos en la composición corporal, con una mayor pérdida de músculo y hueso, y mayor delgadez, lo cual hace que la persona enfrente una condición de alta fragilidad, atrofia muscular, aparición de úlceras por presión, y mayor riesgo de morbi mortalidad.

 

  • Alteraciones en el gusto y alta predilección de alimentos por sabores dulces y salados

Recordemos que nuestra alimentación se caracteriza por una predominancia de sabores salados y dulces, con lo cual las personas que presentan problemas de olvido o pérdida de las capacidades cognitivas sienten mayor afinidad por aquello que le llame la atención, sea conocido, o que le genere placer o seguridad. 

Se presenta inseguridad cuando se prueban nuevos sabores, o se enfrentan a nuevas situaciones en su alimentación, lo cual produce rechazo y alteraciones en el comportamiento en el momento de las comidas, donde no siempre se logra comunicar o expresar lo que se siente, y genera angustia tanto para la persona enferma, como para su cuidador.

Como parte del proceso normal de envejecimiento, pueden presentarse cambios en la percepción de aromas y sabores; sin embargo, la memoria contribuye a evocar ese aroma o sabor específico de un alimento conocido, lo cual favorece su aceptabilidad.  Cuando hay alteraciones cognitivas, es frecuente que las personas mayores rechacen de forma contundente la comida, o gusten por ciertos alimentos con sabores plenamente reconocidos, lo cual puede contribuir a la adopción de prácticas alimentarias monótonas, o fijación por consumir determinados alimentos, dejando de lado aquellos que no son tan gustados.  En este proceso, es preocupante si se prefiere aquellos productos de pobre valor nutricional, dejando de lado alimentos que son ricos en nutrientes esenciales, tales como proteínas de buena calidad, y productos fuente de vitaminas y minerales, fibra o líquidos.

Ciertos medicamentos afectan la producción de saliva o el sentido del gusto, con lo cual el problema puede exacerbarse. 

Se recomienda no cambiar en gran medida la forma de presentación de la comida, para evitar reacciones adversas en el momento de comer.  Es conveniente hacer pequeños cambios y progresivos, y evitar endulzar o salar las comidas excesivamente, con la finalidad de evitar cantidades perjudiciales de azúcar, sal o condimentos artificiales que pueden afectar la salud. 

También se recomienda el uso de alimentos con sabor ácido, con el agregado de gotitas de jugo de limón a las comidas o al agua para mejorar la salivación, e igualmente exaltar el sabor de las comidas con productos naturales que sean bien aceptados por las personas mayores, tales como hierbas aromáticas, esencias y otros.

 

  • Alteraciones en el apetito.

En personas con Alzheimer se pueden enfrentar situaciones como la anorexia o alimentación compulsiva.  Dado lo anterior, es muy importante que la persona cuidadora sea vigilante de estos comportamientos, de tal forma que la persona mayor se alimente adecuadamente. 

La distribución apropiada de las comidas a lo largo del día favorece que la persona no se sienta llena, y se evita la sobrecarga de comida en algún tiempo de comida.  Es necesario el control de la ingesta, con el fin de determinar si la persona está consumiendo o no los alimentos servidos, y si se deja en el plato aquellos productos con mayor calidad nutricional, como productos cárnicos, huevo, derivados lácteos, leguminosas, frutas o verduras. 

Siempre es importante evitar distractores durante la alimentación, puesto que las personas fácilmente pueden perder el interés por consumir los alimentos, o los ruidos pueden alterar el comportamiento.   Así, es conveniente que el lugar donde se come sea confortable, seguro y favorezca la socialización. No es conveniente mantener en este lugar la televisión o radio encendida.

En etapas tempranas de la enfermedad, es recomendable recurrir a recordatorios para evitar que las personas recurran a omitir o repetir el consumo de alimentos por olvido. Si la persona está en una etapa avanzada de la enfermedad e insiste en repetir el consumo de alimentos, sin necesidad de contradecir,  se le puede brindar ciertos alimentos nutritivos en calidad de meriendas,  como verduras crudas o cocidas y algunos otros productos que no contribuyan a la sobrealimentación y malnutrición, y que la persona sienta que ha sido escuchada o cuya negativa a darles de nuevo un plato de comida provoque conductas agresivas.

La ingesta de ciertos medicamentos puede afectar el estado de ánimo de la persona, sentirse más somnolienta o con desgano al comer.  Esta condición es muy importante, porque puede conducir a que el cuidador posponga los horarios de comida, con lo cual las alteraciones en la alimentación pueden incrementarse.

Si la persona se torna agresiva en los momentos de consumo, y evita comer, es importante recurrir a ayuda profesional si esta condición se mantiene por varios días.  La privación de alimentos genera una pérdida muy acelerada del peso, y pueden rápidamente presentarse cuadros de anemia y desnutrición que contribuyen a un deterioro de la salud y mayor riesgo de mortalidad.

En el caso de que se presenten problemas de masticación y deglución, es muy importante hacer las modificaciones en textura y consistencia de las comidas que favorezcan su ingesta, haciendo progresiones en cuanto a la forma de presentación de los alimentos, según la tolerancia que presente la persona. Así se pasa de trocitos pequeños a verduras majadas o carne picada, purés, sopas crema y llegar a consistencias más líquidas.  Debe evitarse caldos muy diluidos o de pobre valor nutricional que pueden llenar e hidratar a las personas, pero no son fuente de ciertos nutrientes esenciales.

El uso de suplementos nutricionales puede darse con orientación profesional, con el fin de elegir aquel producto que más se ajuste a las necesidades nutricionales de la persona con Alzheimer, y se establezcan las cantidades requeridas, según su estado nutricional, tolerancia y consumo total.

 

  • Deambulación y alteración en los tiempos de comida.

La deambulación es una condición que favorece el mayor gasto energético en la persona adulta mayor, quien al no alimentarse adecuadamente puede provocar pérdida de peso acelerada, deshidratación y desorientación.  Además, existe mayor riesgo de accidentes en la casa, e inclusive cuando no hay una vigilancia por parte del cuidador y facilidad de acceso a las salidas de la casa, puede resultar un riesgo, puesto que las personas tienden a salir o deambular fuera de la casa, lo cual genera mayores riesgos.

Es importante complementar las comidas con suficientes líquidos, brindar pequeñas porciones de alimentos ricos en energía; se debe favorecer un ambiente seguro, libre de barreras o riesgos de accidente.

El trastorno en los ciclos de sueño y vigilia puede alterar los horarios de comida.  Las personas que pasan durante el día durmiendo y sin comer, pueden levantarse y deambular en la noche, buscando la cocina para adquirir comida.  Es importante controlar esta situación, evitar el acceso a objetos punzo cortantes, controlar que la persona no encienda accidentalmente la cocina, o bien utilice ciertos electrodomésticos sin la debida supervisión.

 

  • Alimentarse debe convertirse en un ritual que recuerde a la persona cómo se hace, qué se hace.

El horario de comidas debe ser fijo, lo cual forma parte de la rutina diaria.  Debe contarse con elementos recordatorios para que la persona no olvide la actividad, así la ubicación espacial cobra gran importancia.  Una mesa, un lugar específico para sentarse, un mantel, una vajilla de colores neutros y segura para alimentarse es esencial.

Cuando la persona olvida la acción de comer, es muy importante el establecimiento de rutinas y la orientación con modelaje, es decir por medio de la ejecución de tareas sencillas y la reproducción de movimientos.  En algunas ocasiones resulta positivo ofrecer un solo alimento cada vez en el plato, para no distraer a la persona y favorecer su aceptación.

Se deben simplificar los momentos de comidas.  Por ejemplo, servir las porciones de alimento, fáciles de consumir,  en un mismo plato.  Entre más vajilla se utilice, más confusión provocará a la persona enferma en el momento de las comidas.

En algunas ocasiones será importante ayudar a la persona a recordar para qué  es necesario ir a la mesa, cuáles son las funciones del plato o vaso y los  cubiertos, y tendrá que apoyarse para que comprenda cómo llevarse la comida a la boca y cómo masticar por imitación.  La persona cuidadora come y promueve que la persona adulta mayor la observe y la imite.

Quizás una ayuda puede ser proveer alimentos de muy fácil consumo o que puedan comerse sin necesidad de utilizar cubiertos.  Es importante contribuir a recordar en las personas el contenido de los platos para fortalecer la asociación visual, olfativa y cierta activación de la memoria que favorezca una mayor aceptación de la comida, y acciones placenteras.

Ello implica que debe disponerse de un tiempo suficiente para que la persona se alimente.  No debe presionarse para que coma rápidamente, dado que le genera ansiedad; sin embargo, también deben establecerse ciertos límites para que el momento de la comida sea placentero, y se pueda degustar la comida a la temperatura requerida; lo anterior, puesto que si hay cambios en la presentación de la comida en cuanto a apariencia y temperatura, pueden ser factores de rechazo.

Se reitera la importancia de creación de rutinas en la actividad de alimentación, y estimular el acompañamiento en las comidas.  Es altamente relevante valorar positivamente y de forma inmediata las ejecuciones correctas, principalmente cuando la persona está consciente de sus actuaciones. 

Para evitar el rechazo de los momentos de consumo, es muy importante la ambientación e introducción a la persona al ritual de la comida.  Es por ello recomendable la utilización de la misma vajilla, cobertores o manteles de colores neutros,  cuyos diseños favorezcan la manipulación correcta y segura, con el fin de favorecer la autonomía. Se recomiendan vajillas de colores pasteles contrastantes con el color de los alimentos; por ejemplo, un mantel oscuro y un plato blanco, lo cual facilite su identificación.

Debe conservarse el mismo espacio cada vez que va a comer, con el fin de evitar inseguridades o rechazos en el momento de alimentarse. Nunca deben usarse utensilios punzo cortantes para comer.

Ante la confusión en el momento de las comidas e indiferencia a la acción de alimentarse, el acompañamiento por parte del cuidador es indispensable. Cabe mencionar que debido a problemas de coordinación de movimientos u olvido de cómo se usan los platos y cubiertos, las personas con demencia pueden suspender la acción de alimentarse al iniciar y durante el momento de las comidas.

La seguridad en el momento del consumo de alimentos es altamente importante, y no solo se refiere a la manipulación de los utensilios de forma segura, o la facilitación de la ingesta, sea de productos sólidos o líquidos, resulta también importante la postura correcta en la mesa o la cama al momento de ingerir la comida,  fomentar el consumo de pequeños bocados de alimento para evitar el atragantamiento, y evaluar la tolerancia a las diferentes texturas de los productos servidos.

Debe proveerse los alimentos en aquellos momentos cuando la persona luzca más tranquila y menos ansiosa, y evitarse entrar en razonamientos, comentarios negativos, impaciencia o confusión cuando el enfermo muestre su irritación y frustración al ejecutar incorrectamente alguno de los pasos de la actividad de alimentación.

El uso de música suave en el momento de las comidas puede, en algunos casos,  disminuir la irritabilidad y la confusión.  Cuando se presenta paranoia a los alimentos o al momento de las comidas (sensación de que algo malo le va a pasar o que lo están envenenando), se requiere indagar sobre las razones del porqué la persona rechaza la comida. Quizás ofrecer una dieta monótona le brinde una mayor seguridad, aunque es importante tener una orientación profesional con el fin de que la persona se alimente y se nutra apropiadamente.

En algunos casos puede presentarse la conducta de esconder la comida.  En este caso se recomienda el acompañamiento para evitar que la persona en vez de ingerir ciertos alimentos, recurra a ocultarlos, y descubrir los lugares utilizados como escondites.

La red de apoyo familiar es muy importante para lograr una adecuada atención alimentaria de la persona enferma, y no debería recargarse el trabajo en un solo individuo.  La persona cuidadora merece su tiempo de descanso y recuperación de fuerzas, ante un trabajo sumamente demandante y desgastante, por lo que en la medida en que se distribuyan las responsabilidades, se aliviana la carga.

En Costa Rica se dispone de la Asociación Costarricense de Alzheimer y otras demencias asociadas (ASCADA), que es una organización sin fines de lucro que brinda capacitación y asesoría psicológica y espiritual a las familias y personas responsables del cuidado de personas con Alzheimer.  Para mayor información puede contactar el sitio https://ascadacr.wordpress.com; correo electrónico Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. o al teléfono 6186-2745.

 

Fuentes consultadas

Trejo Contreras, Aracelí. (2004). Nutrición en la enfermedad de Alzheimer. Archivos de neurociencias (México, D.F.), 9(3), 151-158. Recuperado en 22 de septiembre de 2020, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0187-47052004000900006&lng=es&tlng=es.

Botella J., Ferrero M.  (2004).  La alimentación del enfermo de Alzheimer en el ámbito familiar. Rev. Nutr. Hosp. XIX (3): 154-159.

Domingo, P. (2015). Nutrición en pacientes con enfermedad de Alzheimer.  Arch. Lat. Nutrición. Vol 65. supl 1.  Recuperado de https://www.alanrevista.org/ediciones/2015/suplemento-1/art-14/