El síndrome de intestino irritable (SII) es un trastorno funcional donde no se encuentra ninguna anormalidad en la bioquímica o estructura intestinal de la persona. Es un padecimiento crónico cuya causa u origen no se explica fácilmente con las técnicas diagnósticas actuales, de manera que se habla de un origen desconocido (1, 2, 3).

Sin embargo, su aparición se asocia a múltiples factores: - biológicos (hipersensibilidad visceral, motilidad intestinal anormal, sobrecrecimiento de las bacterias intestinales, desregulación del eje intestino-cerebro – psicosociales (estrés, depresión, ansiedad) – inmunológicos (por defectos en la integridad de la barrera epitelial de la mucosa del tracto gastrointestinal) – genéticos – alimentarios (alimentos que estimulan el sistema digestivo generando respuestas sensitivas y reacciones motoras) (4, 5, 6, 2).

La prevalencia del SII es de 10 a 20% en la población mundial, esta variabilidad depende de los criterios diagnósticos utilizados y de las diferencias geográficas y culturales. Se conoce que es un padecimiento más usual en mujeres y entre personas menores de 50 años (4,5).

Los síntomas característicos del SII son dolor o malestar abdominal recurrente, que se alivia después de la defecación. La alteración del hábito intestinal es el síntoma más característico. Durante la defecación se pueden presentar malestares como urgencia, esfuerzo o sensación de evacuación incompleta. También se describen síntomas asociados como eructos, flatulencias, moco en las heces, pirosis, náuseas, vómitos, molestias urinarias y ginecológicas, ataques de pánico, agorafobia y alteraciones del sueño, entre otros (2)

El diagnóstico de la enfermedad se realiza por medio de los criterios de Roma IV, según los cuales el SII se diagnostica “por la presencia de dolor abdominal recurrente que debe estar presente al menos un día a la semana, con dos o más de las siguientes características: 1. se asocia a la defecación; 2. está relacionado con un cambio en la frecuencia de las deposiciones; 3. está relacionado con un cambio en la consistencia de las deposiciones. En cuanto a los requerimientos de duración de las molestias hay que tener en cuenta que los criterios deben cumplirse durante los últimos tres meses y los síntomas haber comenzado un mínimo de seis meses antes del diagnóstico” (3, pag 45) Además de esto se debe descartar que los síntomas se deban a una causa orgánica (7)

Se identifican tres subtipos predominantes de SII: SII-D (cuando el síntoma más frecuente es diarrea), SII-E (cuando el síntoma más frecuente es estreñimiento), SII-mixto (cuando hay alternancia entre diarrea y estreñimiento) (1)

El tratamiento farmacológico actual va dirigido a tratar el síntoma predominante. Así mismo se promueve la práctica de estilos de vida saludables como realizar ejercicio, dormir suficientes horas y tener una alimentación saludable que contribuya en la disminución de los síntomas. (1)

Algunos estudios indican que 60% de las personas que padecen SII manifiestan síntomas del tracto digestivo desde 15 minutos hasta 3 horas después de ingerir alimentos (7). De manera que la evidencia señala la importancia de realizar cambios en la alimentación como parte del tratamiento del SII.

Cabe resaltar que cada persona reacciona diferente a los alimentos por lo que es necesario que cada quien conozca aquellos que le producen molestias o le generan síntomas. Por lo que, la alimentación debe ser personalizada y no se deben seguir recomendaciones generales sin haber comprobado la sensibilidad de cada persona a ciertos alimentos.

Se recomienda fraccionar los tiempos de comida, evitar exceso de alcohol y cafeína y evitar los alimentos que favorecen los síntomas tales como cebolla, repollo, coliflor, brócoli, sandía, frijoles (2). La literatura indica también que la sintomatología de SII puede ser agravada después del consumo de cereales, comida picante, ciertos vegetales y comida grasosa. (8, 4, 1)

El aporte de fibra no mejora el dolor abdominal asociado a SII. Puede incluso aumentar la sensación de distensión y flatulencia. En caso de que la persona presente estreñimiento, se recomienda aumentar de modo gradual el contenido de fibra hasta 20-25 g/día. (4)

La literatura actual menciona la dieta baja en FODMAP como un tratamiento efectivo para aliviar los síntomas gastrointestinales en pacientes con SII y sugiere que la educación en este tipo de dieta por parte de nutricionistas es efectiva para la disminución de los síntomas. (5, 9)

Los FODMAP son carbohidratos de cadena corta, que no se absorben de forma completa en el tracto gastrointestinal, lo que ocasiona que sean fermentados rápidamente por las bacterias (microbiota intestinal) generando los síntomas de SII Incluyen carbohidratos como la fructosa, lactosa, fructanos, galacto-oligosacáridos, polioles (edulcorantes) y azúcares del alcohol. (10,5).

Los alimentos altos en FODMAP incluyen algunas frutas como manzanas, peras, melocotones, mamones chinos, mango, melón y sandía. También vegetales como espárragos, alcachofas, coles de Bruselas, remolacha, repollo, lechuga, maíz, ajo, cebolla, entre otros. Algunos alimentos como lácteos, frijoles, garbanzos, lentejas y los edulcorantes también se consideran altos en FODMAP.

Para implementar una dieta baja en FODMAP la nutricionista puede guiarle en las tres fases del tratamiento, que consisten en la eliminación de los alimentos altos en FODMAP, reintroducción de los diferentes alimentos según tolerancia y finalmente la personalización de la dieta (11).

Se debe resaltar que no todos los FODMAP exacerban los síntomas gastrointestinales en pacientes con SII, además de que no se conocen los efectos a largo plazo de la dieta FODMAP y una dieta estricta baja en FODMAP no se recomienda en un periodo largo de tiempo ya que puede generar algunas deficiencias nutricionales (5).

 

 

Bibliografía

  1. Basnayake, C. (2018). Treatment of irritable bowel syndrome. Australian Prescriber, 41(5), 145-149. https://doi.org/10.18773/austprescr.2018.044
  2. Mataix Verdú, J. (2010) Tratado de Nutrición y Alimentación. España: Océano/ Ergon.
  3. Mearin, F; Ciriza, C; Mínguez, M; Rey, E; Mascort, J; Pena, E; Cañones, P y Júdez, J. (2017). Guía de práctica clínica: síndrome del intestino irritable con estreñimiento y estreñimiento funcional en adultos: concepto, diagnóstico y continuidad asistencial. (Parte 1 de 2). Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), 43 (1), 43-56
  4. Meisner, N; Muñoz, K; Restovich, R; Zapata, M; Camoletto, S; Torrent, M y Molinas, J. (2011). Fibra alimentaria: consumo en estudiantes universitarios y asociación con síndrome de intestino irritable. Invenio, 14(26), 91-100.
  5. Nanayakkara, W; Skidmore, P; O’Brien, L; Wilkinson, T & Gearry, R. (2016). Efficacy of the low FODMAP diet for treating irritable bowel syndrome: the evidence to date. Clinical and Experimental Gastroenterology, 2016(9), 131-142. DOI: http://dx.doi.org/10.2147/CEG.S86798
  6. Holtmann, G; Shah, A & Morrison, M. (2018). Pathophysiology of Functional Gastrointestinal Disorders: A Holistic Overview. Digestive Diseases, 35(1), 5-13. https://doi.org/10.1159/000485409
  7. Scarpato, E; Auricchio, R; Penagini, F; Campanozzi, A; Zuccoti, G & Troncone, R. (2019). Efficacy of the gluten free diet in the management of functional gastrointestinal disorders: a systematic review on behalf of the Italian Society of Paediatrics. Italian Journal of Pediatrics, 45(9), 1-11. https://doi.org/10.1186/s13052-019-0606-1
  8. Darabi, Z., Mokari-yamchi, A., Hajizadehoghaz, M., & Rezazadeh, A. (2019). Diets and Irritable Bowel Syndrome. 1–10. https://doi.org/10.22038/jnfh.2019.37551.1165
  9. Harvie, R; Chisholm, A; Bisanz, J; Burton, J; Herbison, P; Schultz, K & Schultz, M. (2017). Long-term irritable bowel syndrome symptom control with reintroduction of selected FODMAPs. World Journal of Gastroenterology, 23(25), 4632-4643. https://doi.org/10.3748/wjg.v23.i25.4632
  10. Bardisi, B; Halawani, A; Halawani, H, Alharbi, A; Turkostany, N; Alrehaili, T, et al. (2018). Efficiency of diet change in irritable bowel syndrome. Journal Family Medic Primary Care, 7(5), 946-951. DOI: 10.4103/jfmpc.jfmpc_173_18
  11. Whelan, K; Martin, L; Staudacher, H & Lomer, M. (2018). The low FODMAP diet in the management of irritable bowel syndrome: an evidence-based review of FODMAP restriction, reintroduction and personalization in clinical practice. Journal of Human Nutrition and Dietetics, 31, 239-255. https://doi.org/10.1111/jhn.12530