La diabetes es una enfermedad complicada, que se caracteriza por la alteración en el metabolismo de los carbohidratos, generando niveles aumentados de glucosa (hiperglicemia) en sangre. Esta exposición crónica a niveles elevados de glucosa puede desencadenar una serie de complicaciones en vasos y tejidos del organismo, lo cual se conoce como complicaciones microvasculares. (Kautzky-Willer et al., 2016; Rehman & Akash, 2017)

Actualmente, se estima que alrededor de 425 millones de adultos entre 20 y 79 años padecen de algún tipo de Diabetes, y se prevé un incremento de hasta 628,6 millones de personas para el año 2045. Razón por la cual, la diabetes es considerada como una de las enfermedades de más rápido crecimiento, representando un problema de salud pública para los países (Papamichou et al., 2019).

Lo anterior refuerza la necesidad de una vigilancia constante y apoyo por parte de un equipo multidisciplinario en salud cuyo objetivo final será el buen control de la enfermedad y la disminución en la aparición de complicaciones.  No obstante, la mayor parte del cuidado y control de esta enfermedad debe provenir del paciente mismo.

En ese sentido, La Organización Mundial de la Salud recomienda la educación para el autocuidado con la finalidad de prevenir y tratar enfermedades como la diabetes (Romero, Dos Santos, Martins & Zanetti 2010). Asimismo, se espera que, a través de ésta, la persona que vive con diabetes pueda desarrollar habilidades de auto cuidado que le permitan un empoderamiento de su enfermedad y modificación o mantenimiento de un estilo de vida saludable. (Alarcón, Rizo, Cortés, Cadena, Leal & Alonso; 2013).

Estas habilidades de auto cuidado son desarrolladas durante toda la vida, por medio de un proceso de aprendizaje espontáneo, en el periodo de la madurez de la curiosidad intelectual, con la instrucción y supervisión de otros y mediante la experiencia de medidas de autocuidado (Romero, Dos Santos, Martins & Zanetti, 2010). Siendo entonces la educación un pilar en la adquisición de habilidades para el autocuidado, entendiéndose el proceso educativo como algo más complejo que la simple transmisión de conceptos.

De acuerdo con lo anterior algunos autores señalan que las capacidades de autocuidado están directamente influenciadas por la adherencia al tratamiento, ya que el conocimiento de las habilidades en auto cuidado y la capacidad para hacer frente a las dificultades con las que se encuentra a lo largo de su vida se determina a través de la adherencia al tratamiento (Alarcón y colaboradores, 2013)

Son muchos los factores que explican la adherencia al tratamiento, no obstante, podría simplificarse a partir de determinantes y condicionantes, como la interacción del paciente y el profesional en salud, el régimen o plan de alimentación, las características de la enfermedad y las condiciones psicosociales del paciente (Alarcón et al, 2013).

Sin embargo, los adultos deben equilibrar el auto cuidado de la diabetes con el mantenimiento de la salud y las demandas de la vida en competencia, incluida la vida familiar, las decisiones laborales,  mudanzas, entre otros (Goethals et al., 2017). Es durante esta etapa de la vida, donde se documenta una disminución de la adherencia al tratamiento, un mayor deterioro del control glucémico y por tanto, un riesgo aumentado para el desarrollo de complicaciones agudas y crónicas de la diabetes. (Lotstein et al., 2013).

La alimentación es uno de los pilares del tratamiento integral de esta enfermedad, existen varios métodos para planear la alimentación de las personas que viven con diabetes, cuyo objetivo siempre va a estar enfocado en la reducción de las complicaciones macro y microvasculares.

Dentro de los métodos más utilizados se puede mencionar el método de la taza, carga e índice glicémico, el plato saludable de la Asociación Americana de la diabetes y el conteo de carbohidratos. 

El conteo de carbohidratos es una técnica que permite una alimentación balanceada y mayor control en los niveles de glucosa, esta herramienta ha sido ampliamente reconocida como efectiva en la reducción de los niveles de Hemoglobina glicosilada (A1c), reportándose hasta un 2% menos en este indicador bioquímico.

Una de las limitantes del conteo de carbohidratos es su uso principalmente en personas con alta escolaridad, puesto que posee un grado de complejidad. Sin embargo, este método permite dar flexibilidad en el planeamiento de las comidas (Martins et al., 2014),

El conteo de carbohidratos consiste en medir la cantidad de carbohidratos que se ingieren durante cada comida en gramos o porciones equivalentes. Con base en ese recuento y los niveles de glucosa en sangre preprandial, y en el caso de pacientes que utilizan insulina como parte de su tratamiento, les permite calcular la dosis de insulina rápida o regular que necesita antes de cada comida. Este método se puede utilizar para cualquier paciente con diabetes con el uso de antidiabéticos orales o  dosis variables de insulina de acción rápida o infusión subcutánea continua de insulina (Vaz et al., 2018).

Esta variación en la elección de alimentos entre las personas con diabetes brinda la opción de decidir la cantidad, así como el tipo de alimentos con carbohidratos que desee incorporar en sus comidas, siempre y cuando se mantenga en la recomendación de su nutricionistas de cuantos carbohidratos le periten mantener la glicemia dentro del rango recomendado. Dadas estas características, una intervención que involucre esta herramienta puede mejorar la aceptación de la diabetes y la calidad de vida general. Por lo que el método utilizado se considera el método más acertado (Vaz et al., 2018).

 

Referencias bibliográficas.

Alarcón, N., Rizo, M., Cortés, E., Cadena., F., Leal, H & Alonso., M. (2013). Intervención educativa: Implementación de la agencia de autocuidado y adherencia terapéutica desde la perspectiva del paciente diabético. Rev Enferm; 21(3): 289-94.

Goethals, E., Oris, L., Soenens, B., & Al., E. (2017). Parenting and treatment adherence in type 1 diabetes throughout adolescence and emerging adulthood. J Pediatr Psychol, 42(9), 922–932.

Kautzky-Willer, A., Harreiter, J., & Pacini, G. (2016). Sex and gender differences in risk, pathophysiology and complications of type 2 diabetes mellitus. Endocrine Reviews, 37(3), 278–316. https://doi.org/10.1210/er.2015-1137

Lotstein, D., Seid, M., Klingensmith, G., & et al. (2013). Transition from pediatric to adult care for youth diagnosed with type 1 diabetes in adolescence. Pediatrics, 131(4), e1062–e1070.

Martins, M. R., Ambrosio, A. C. T., Nery, M., Aquino, R. D. C., & Queiroz, M. S. (2014). Assessment guidance of carbohydrate counting method in patients with type 2 diabetes mellitus. Primary Care Diabetes, 8(1), 39–42. https://doi.org/10.1016/j.pcd.2013.04.009

Papamichou, D., Panagiotakos, D. B., & Itsiopoulos, C. (2019). Nutrition, Metabolism & Cardiovascular Diseases Dietary patterns and management of type 2 diabetes: A systematic review of randomised clinical trials. Nutrition, Metabolism and Cardiovascular Diseases, 29(6), 531–543. https://doi.org/10.1016/j.numecd.2019.02.004

Romero, I., Dos Santos, M.,  Martins, T & Zanetti, M. (2010). Autocuidado de personas con diabetes mellitus atendidas en un servicio de urgencia en México. Revista Latinoamericana Enfermagem. 18(6): 1-9.

Vaz, E. C., Porfírio, G. J. M., Nunes, H. R. de C., & Nunes-Nogueira, V. D. S. (2018). Effectiveness and safety of carbohydrate counting in the management of adult patients with type 1 diabetes mellitus: A systematic review and meta-analysis. Archives of Endocrinology and Metabolism, 62(3), 337–345. https://doi.org/10.20945/2359-3997000000045