¡A levantarse, a desayunar!

Edición: Nicole Villalobos Leal

 

El desayuno es una comida a la que muchos le prestan poco interés, por lo que su omisión es una conducta comúnmente observada en las personas.

Siempre hay una excusa para justificar el por qué no desayunamos. Los más pequeños no desayunan porque tienen que alistarse para ir al kínder o a la escuela, o porque “los deja la buseta”; los colegiales y universitarios no desayunan porque tienen otras prioridades o se quedan dormidos; los padres no desayunan porque deben alistar a sus hijos o salir muy temprano de la casa. En fin, son muchas las situaciones que podríamos mencionar, pero resulta que también son muchas las razones por las cuales es de vital importancia desayunar.

A continuación le mencionamos algunos de los numerosos beneficios del desayuno:

  • Proporciona la energía y los nutrientes necesarios para comenzar el día, ya que ha pasado mucho tiempo desde la última comida, y el cuerpo requiere “recargar baterías”.
  • Permite tener un óptimo rendimiento físico e intelectual, ya que mejora la memoria y la concentración. Los niños lo necesitan para jugar y aprender mejor, y los grandes para un mayor desempeño laboral.
  • Contribuye al mantenimiento de un peso adecuado, puesto que ayuda a controlar los alimentos y las cantidades que consumimos a lo largo del día.
  • Puede mejorar la calidad de la dieta si se eligen alimentos fuente de nutrientes como calcio, fibra y vitaminas A, D, C y B.

Un buen desayuno debe aportar al menos un alimento del grupo de los lácteos, uno del grupo de los cereales o harinas y una fruta, los cuales pueden combinarse con otros alimentos. Algunos ejemplos son:

Lácteos

Cereales/Harinas

Frutas

-Leche (semidescremada o descremada preferiblemente)

-Yogurt

-Queso tierno

-Gallo Pinto

-Tortillas

-Pan (preferiblemente integral)

-Cereal de desayuno

-Avena

-Papaya

-Piña

-Manzana

-Fresas

-Sandía

-Granadilla

-Banano

-Naranja

-Melón

-Uvas

-Guayaba

-Mango

 

Se deben evitar alimentos con alto contenido de azúcar, como galletas con relleno, cereales de desayuno azucarados, jugos procesados, panes con relleno y repostería en general. También debe cuidarse el tipo y la cantidad de grasa, procurando cocinar con poco aceite, utilizar poca cantidad de mantequilla o margarina, evitar el consumo de natilla, queso crema, embutidos y queso amarillo.

Lo ideal es que realice el desayuno en las 2 primeras horas después de despertarse, y antes de salir de la casa. Es importante dedicarle el tiempo y las condiciones que se merece, como comer sentado y sin realizar otra actividad.

Si desayunar no es parte de su rutina puede ser creativo con estrategias que le ayuden a recordarlo y hacerlo, por ejemplo: dejar el plato y la taza en la mesa la noche anterior, turnarse con su familia para prepararlo, levantarse 10 minutos antes de lo usual, mantener frutas picadas en el refrigerador, elaborar un menú para los desayunos de la semana o cualquier otra idea que se proponga.

Y si acostumbra desayunar, continúe haciéndolo y motivando a otros con su ejemplo.

 

¡Tome en cuenta que un buen desayuno puede hacer la diferencia

en su alimentación al final del día!