¿Y si mi hijo no quiere comer?

Edición: Daniela Guevara Villalobos

Durante la etapa preescolar, es común escuchar a los padres preocupados porque sus hijos a veces no quieren comer, comen muy poco, o porque siempre quieren los mismos alimentos y no se muestran muy anuentes a probar nuevos.

Lo primero que debe saber es que durante esa etapa de la vida, los niños no crecen a la misma velocidad con que lo hicieron durante el primer año de vida, y esto implica que sus necesidades de energía y nutrientes son menores. Por tanto, se da una disminución del apetito como parte natural del crecimiento y desarrollo. Es normal que algunos días se muestren con más apetito que otros porque tienen la capacidad de regular la ingesta y de comer lo que necesitan, ni más ni menos. Esta es una de las razones por las que no se debe forzar a los niños a comer, hacerlo dificulta que aprendan a percibir esas señales de hambre y saciedad innatas, y más adelante podría generar alteraciones para determinar cuándo o cuánto deben comer.

Generalmente, la disminución del apetito se acompaña de un menor interés por la comida. En estas edades están en pleno desarrollo y exploración de sus habilidades motoras gruesas y finas, por lo que tienen muchas actividades que les resultan tan atractivas y entretenidas que pasan a estar en un primer plano y se distraen con facilidad a la hora de las comidas. También están desarrollando el gusto por los alimentos, por lo que suelen rechazar algunos de ellos.

Se debe tener presente que el hecho de que un día no quiera comer un alimento o exprese desagrado, no quiere decir que no le guste realmente o que más adelante no lo vaya a disfrutar, por eso continúe ofreciéndole el alimento en otro momento, pero recuerde que no hay que presionar.

Tome en cuenta que cuando los niños están cansados o físicamente agotados pueden presentar pocas ganas de comer, por lo que puede ofrecer los alimentos en otro momento o esperar el siguiente tiempo de comida. A pesar de que los niños preescolares reciben señales internas de apetito y pueden decidir la cantidad de alimento que requieren, no hay un mecanismo interno que les indique qué alimentos deben comer. Sobre los adultos recae la responsabilidad del tipo de alimento que se le ofrece al niño, por eso se debe tener siempre al alcance alimentos nutritivos y variados.


Referencias

Brown, J. (2014). Nutrición en las diferentes etapas de la vida. 5 ed. Editorial Mc Graw-Hill. México

Cobaleda, A. y  Bousoño, C. (2007). Alimentación de los 2 a los 6 años. Madrid. Comité de Nutrición de la AEP y Junta Directiva de la Sociedad de Pediatría de Madrid y Castilla La Mancha.

Hidalgo, M. y Güemes, M. (2011). Nutrición del preescolar, escolar y adolescente. Sepeap, Programa de Formación Continuada en Pediatría Extrahospitalaria, Vol. XI(4): 351-368

Ministerio de Sanidad y Consumo y Ministerio de Educación y Ciencia (2007). Alimentación saludable. Guía para las familias. Secretaría general técnica del MEC.

Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría. (2009). Nutrición Pediátrica. Ed. Médica Panamericana. Caracas.